EL DUELO SOLITARIO




La pérdida de un hijo o hija es uno de los episodios más dolorosos por los que atraviesa un ser humano. Se considera antinatura, pues siempre se espera que los hijos despidan a sus padres. Pero, ¿qué pasa cuando el hijo fallecido no nació?, es decir, cuando un hijo o hija fallece dentro del vientre.
Las pérdidas gestacionales suelen ser muy complicadas para las mujeres y sus familias que atraviesan por este difícil trance. En primer lugar, el cuerpo de una mujer embarazada se prepara para dar vida. Al llegar la muerte, la explosión de hormonas que invade el cuerpo de una mujer ante una pérdida es indescriptible.

Esta “guerra” de hormonas trae consigo muchas implicaciones a nivel afectivo. Las ilusiones, los proyectos a futuro y los preparativos ante esta nueva vida se vienen abajo. 

El ambiente que se crea alrededor de una mujer embarazada es de suma felicidad; se convierte en un “centro de atracción” por el hecho de que está gestando una vida; de ahí que, al llegar la muerte del bebé, le sea más difícil “enfrentar” a las personas que le rodean, tanto en el ámbito familiar como laboral. 

Este tipo de duelo en muchas ocasiones es “descalificado” por la sociedad, ya que se considera que, al no ver la vida, el bebé no existió; se piensa que “no se creó” un vínculo sólido con los papás y con la familia en general, y se cree que por el hecho de no “haber vivido”, no se formaron los lazos de amor como con otros hijos que sí vivieron ya sea pocos o muchos años. 

Las mujeres que atraviesan por una pérdida gestacional se sienten poco comprendidas, muchas de ellas tienen que vivir su duelo de manera silenciosa, sobre todo, las que tuvieron una pérdida a los pocos meses de gestación, ya que se considera que “a menor tiempo o edad, menor es el dolor”.
Aunado a todo lo anterior, estas mujeres también se enfrentan a las críticas de quienes piensan que la pérdida se debió a un descuido o la falta de atención o cuidados. Es muy difícil para ellas escuchar frases como: “¡ya ves, por qué no te cuidaste!” o “¿por qué no acudiste de inmediato al doctor?”.
Estas frases son demoledoras y no ayudan en nada en el proceso de duelo de estas mujeres, quienes si no pensaron en eso, al oír este tipo de recriminaciones pueden llegar a sentir culpa, lo que viene a complicar aún más su duelo.

Son pocos los especialistas en manejo de duelo que abordan las pérdidas gestacionales, por ello, es imprescindible poner sobre la mesa el tema para que las mujeres que desafortunadamente atraviesan por este triste suceso, tengan las herramientas suficientes para sobrellevar su duelo, lograr recuperarse en la medida de lo posible de esta terrible experiencia y, sobre todo, encontrarle un sentido a sus vidas.

MDA