La atención hospitalaria en pérdidas gestacionales y perinatales en México


  • El manejo intrahospitalario de este tipo de pérdidas en México está caracterizado por una constante violación a los derechos humanos, sexuales y reproductivos de las mujeres.

Cuando Fernanda llegó al hospital pensó que todo estaba resuelto. Se terminó la angustia del tráfico y los dolores de parto que no cesaban, mientras el líquido corría por sus piernas. Luchó hasta el último momento, cuando se sintió a salvo ya en la cama del hospital.

Pero una frase de una enfermera la marcó para siempre: “¡Aquí a la que se queja le va mal!”… y eso fue lo que hizo: no dijo nada, se aguantó los dolores, se tragó las palabras de angustia al sentir que algo estaba mal. Las mujeres de otras camas desfilaban hacia la sala de parto, pero ella ya no dijo nada, pensó que el hecho de no “quejarse” le ayudaría.

Al día siguiente, ya en la sala de parto, se enteró que, en efecto, algo estaba mal. El médico le indicó que el bebé había sufrido “aspiración neonatal de meconio”. No entendía nada… sólo que su bebé había fallecido.

No quiso preguntar exactamente qué fue lo que había pasado, y los médicos tampoco le explicaron. Tampoco le dejaron ver el cuerpecito. Incluso, una de las enfermeras la “consoló”, diciéndole: “A la mejor ya venía malito, para qué querías un hijo así”.

Todo fue de pesadilla, nunca tuvo contacto con sus familiares, quienes “peleaban” en la sala de espera, pues nunca les dijeron lo que había pasado, hasta que el esposo de Fernanda salió a darles la triste noticia.

 Fernanda no sólo salió del hospital con los brazos vacíos, sino con la impotencia, el desconsuelo y la culpa, por no haber exigido que la atendieran cuando presintió que algo estaba mal.

Miles de casos como el de Fernanda se dan cada día en el sistema hospitalario de México a pesar de múltiples programas gubernamentales para revertir la violencia obstétrica.

Esta problemática persiste en los servicios de salud; incluso, en Venezuela a la violencia obstétrica le llaman la “epidemia silenciosa”, pues las actitudes y acciones que la definen son prácticas generalizadas y hasta consideradas como “normales”.

 Pero, ¿qué pasa con las mujeres cuyos bebés fallecen dentro del vientre, en el parto y después de nacidos?

 Se tiene la certeza de que estas mujeres padecen aún más este tipo de prácticas, pues en los hospitales de nuestro país no se cuentan con protocolos de atención especiales dirigidos a pérdidas gestacionales e infantiles.

En países de Europa y en Estados Unidos, por ejemplo, existen protocolos de atención basados en evidencia científica que son empleados rutinariamente para proporcionar a las mujeres y sus familiares la atención integral, especializada, empática y compasiva que se requiere en estos casos.

Estos lineamientos subrayan, entre otras cosas:
  •  La existencia de varios abordajes clínicos para el manejo de las pérdidas gestacionales, de acuerdo al momento del embarazo, las características de la madre y lo que ella decida hacer con su cuerpo.
  •  La importancia de ofrecer información clara sobre las alternativas de tratamiento, con pros y contras y, sobre todo, siempre que sea posible permitir a la paciente tomar la decisión, pues este factor tiene un gran impacto en la experiencia de la mujer y la manera en que elaborará su proceso de duelo.
  • La necesidad de contar con servicios y trabajadores especializados en duelo que permitan tratar a la paciente y a los familiares, con la sensibilidad necesaria; para lo cual se deben proporcionar capacitación y sensibilización de tal manera que se apeguen a la buena práctica clínica integral.
  • El efecto positivo de ejercer el derecho a la elección, la compañía, la generación de recuerdos (fotos, huellas), tener la opción de ver y cargar al bebé. así como la necesidad de otorgar tiempo y privacidad.
  • La importancia del lenguaje médico y paramédico utilizado para describir el evento.
  • Protocolos de diagnóstico para investigar más sobre el estado de salud de la madre, tratar de determinar una causa de la pérdida y disminuir complicaciones a corto y largo plazo.
  • Lo indispensable que resulta el trabajo multidisciplinario en el que diversos especialistas colaboren para que la mujer atraviese por el proceso de la mejor manera posible.
  • La necesidad de llevar a cabo un seguimiento estrecho y cuidadoso, y canalizar a los servicios pertinentes de acuerdo a las necesidades de la paciente y sus familiares.
 
Todos estos lineamientos no son llevados a cabo en México, a pesar de tratarse de los mejores abordajes disponibles, la mayoría de los cuales no implican mayores gastos ni grandes problemas logísticos para los prestadores de servicios.

A pesar de los grandes logros e iniciativas para erradicar la violencia obstétrica en el país, el tema de las pérdidas gestacionales e infantiles desafortunadamente se ha dejado a un lado. Luchemos por revertir esta situación para que casos como el de Fernanda no se repitan.

Redacción Red Papalotl